Joshua y Matchroom se mantuvieron firmes en su postura respecto a Gran Bretaña.
Durante mucho tiempo se dio por sentado que el estadio de Wembley sería el lugar idóneo para el encuentro entre los dos pesos pesados británicos más emblemáticos de su generación. Sin embargo, el camino para concretar la pelea se complicó debido a que Joshua y Fury firmaron acuerdos separados con Sela en lugar de un contrato conjunto.
El contrato de Joshua estipulaba explícitamente que el combate debía celebrarse en el Reino Unido, mientras que el de Fury no contenía tal restricción.
Esa distinción resultó crucial cuando los organizadores y su socio de transmisión, Netflix, comenzaron a presionar para trasladar el programa a Estados Unidos.
Hearn reconoció que prácticamente todas las demás partes involucradas preferían Nueva York, e incluso Matchroom estaba estudiando qué compensación sería necesaria para renunciar a la cláusula del Reino Unido.
Por un momento, ese enfrentamiento amenazó con echar por tierra todo el evento. Fury acusó públicamente a Joshua de dilatar el combate y, por un instante, mencionó la posibilidad de una tercera pelea contra Oleksandr Usyk.
Pero una vez que Fury cedió, los organizadores tuvieron que encontrar un recinto británico capaz de satisfacer las exigencias de la retransmisión sin dejar a los aficionados expuestos al invierno británico.
Cardiff, casi por descarte, se convirtió en la respuesta.