DÍA DE LA MEMORIA parte 10 LARRABURE, ARGENTINO DEL VALLE, Coronel p.m.

Nota: Profesor Humberto Guglielmin.-

LARRABURE, ARGENTINO DEL VALLE, Coronel p.m.

El 4 de Enero del año 2024, sobre los bancos de la capilla de la Casa Rosada aparecieron unas estampitas con la fotografía de este militar argentino. A este hecho menor se le dio trascendencia en cierta prensa y esto motivó en muchos la curiosidad por saber quién fue. Intentaremos satisfacer esa curiosidad.
Habíamos señalado en notas anteriores que recordaríamos algunos de los más sonoros hechos perpetrados por la guerrilla tanto durante los gobiernos democráticos de Cámpora, Lastiri, Juan D. Perón e Isabel Perón, como bajo los gobiernos militares. Comenzaremos por este dignísimo coronel post mortem.
Para mejor comprender la crueldad y dimensiones de esos hechos, resulta muy conveniente volver a leer el “DÍA DE LA MEMORIA parte 1”, porque en esa nota se expone el marco político, social e ideológico que se vivía en nuestro país y el mundo en la década de los años 70. Quienes no vivieron personalmente el drama de esos años, si no leyeron de fuentes serias y honestas sobre ese período, pueden llegar a creer que lo que sucedió fue solo una horrible e inexplicable matanza de muchachos nobles e idealistas, perpetrada por las FF.AA.

Pueden llegar a creer que no se trató de una guerra civil de baja intensidad entre ejércitos ilegales y poderosísimos contra las fuerzas legales del Estado. Pueden pensar que esos terribles acontecimientos comenzaron a suceder por generación espontánea a partir del 24 de marzo del 76, sin nada anterior que lo justifique o por lo menos lo explique.
Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y las ciencias en general, afirmaron que cualquier cosa que suceda tiene una causa. Es de sentido común. Nada sucede porque sí. Esto mismo pasa con la historia, la economía y la política. Sin embargo, la “Historia Oficial” sobre este período, maliciosamente impuesta a través de todos los medios por el Kirchnerismo, hace comenzar este período de sangre y fuego en la noche del 24 de marzo de 1976. Y esto no fue así.

El kirchnerismo, que inicialmente fue completamente indiferente a los atentados y bombas de los terroristas y a las desapariciones que sucedieron en el período democrático y en el militar, no dudó en falsificar descaradamente la historia de esos años, y con ese propósito ordenó que en las escuelas, colegios y universidades de todo el país los alumnos recibieran una versión “censurada” de esos hechos. En esa versión, los integrantes de los más de 50 grupos partidarios de usar la violencia para imponer la Patria Socialista -especialmente los integrantes de los cuatro principales ejércitos ilegales y subversivos: Montoneros, Fuerzas Armadas Peronistas FAP, Fuerzas Armadas Revolucionarias FAR y Ejército Revolucionario del Pueblo E.R.P- debían aparecer como víctimas inocentes de unas FF.AA. enloquecidas que mataban y torturaban sin motivación alguna a jóvenes idealistas que solamente soñaban con una Argentina mejor, y a eso se limitaban.

El resultado de este adoctrinamiento compulsivo en todas las ramas de la educación es el de que los alumnos tienen una total ignorancia de los sucesos que motivaron la irrupción de los militares. Creen que todo lo que sucedió a partir de esa noche de marzo se decidió de la noche a la mañana y sin motivaciones serias que los explicaran.

En general, los alumnos de todos los niveles saben en detalle de los excesos en que incurrieron los militares pero ignoran por completo hechos tan graves como el asesinato del ex presidente de la Nación P.E. Aramburu, el hundimiento de la fragata misilística Santísima Trinidad en Puerto Belgrano realizado por Montoneros; la intimidación sistemática en todo el país a quienes no estuvieran de acuerdo a su proyecto de imponer el comunismo, fueran personas o instituciones; el secuestro de empresarios, periodistas, militares y diplomáticos argentinos o extranjeros, varias veces seguido del pago de millonarios rescates en dólares o de su asesinato ; los audaces y sangrientos asaltos a cuarteles militares con muertos y rehenes; la fabricación propia de diverso tipo de armas letales o su robo de los arsenales militares o policiales; el “Impuesto Revolucionario” que debían pagar empresas y comercios para poder seguir funcionando; la existencia de las llamadas Cárceles del pueblo”, la voladura en plena carrera de despegue de un Hércules C 130 en el aeropuerto B. Matienzo de Tucumán con 114 gendarmes dentro, la masacre en el comedor de la Policía Federal planificado por el escritor Rodolfo Walsh que dejó 23 muertos y 110 heridos de diversa consideración etc. etc.

Estos terribles hechos no se condicen con la conducta esperable de pacíficos y estudiosos “Jóvenes idealistas”. Se los ha idealizado hasta el ridículo y los hechos enumerados- solo algunos- nos evidencian que ciertamente no eran jovencitos y jovencitas soñadoras que expresaban su alegría por poder vivir y cazar mariposas en el prado.
Debido a este sistemático adoctrinamiento ideológico de docentes y alumnos la mayoría ignora, porque no figura en el libreto que deben seguir, que Alicia Kirchner, la hermana de Néstor Kirchner, fue la ministra de Bienestar Social del gobierno militar de Santa Cruz y su hermano Néstor no le objetó nada. Es obvio que desde ese puesto Alicia K. se enteraba de cosas gravísimas que sucedían en esa provincia y en el país; pero ella se sentía importante junto a los militares y por eso, cobardemente, no denunció nada.

Además, a pesar de que se lo pidieron reiteradamente nunca ni Néstor ni Cristina, que son presentados como los grandes defensores de los DD.HH., dieron prueba alguna de que ese tema les interesara antes de llegar a la presidencia de la Nación. Hay fotos donde se ve a Néstor K. departiendo tranquilamente con los militares cuando el general Guerrero fue a hacerse cargo del gobierno militar de Santa Cruz. Como gobernador de esa provincia no quiso dar ayuda alguna a H. de Bonafini cuando iba a Santa Cruz a promover la causa de los desaparecidos y ninguno de ellos, a pesar de ser ambos abogados presentaron nunca un Hábeas Corpus por algún desaparecido de su provincia. Nada de sinceridad. Todo fue solo un despreciable negocio electoral.
La reacción de las FF.AA. fue extrema porque la república, por acción de los diversos ejércitos guerrilleros y la debilidad y corrupción del gobierno peronista de Isabel, estaba tan corrompida y debilitada que estaba a solo días de convertirse en un país comunista como Cuba. Las FF.AA. de la Nación creyeron que evitar esa posibilidad, era parte esencial de su razón de ser. Había que defender el sistema democrático, tal como ordena la Constitución a todos los argentinos.

¿Ud. habría permitido que Argentina cayera bajo el comunismo y que hoy estuviéramos en las mismas condiciones de opresión, falta de libertades y miseria moral y económica en que viven los Cubanos?
La violencia de la reacción de las FF.AA. ante una tan comprometida situación, está en relación a los gravísimos acontecimientos que se venían sucediendo desde varios años atrás y que estaban agravándose con el paso del tiempo. Veremos uno de esos hechos graves ignorados por la gran mayoría.

EL SECUESTRO DE LARRABURE
El domingo 11 de agosto de 1974 a la una de la madrugada, unos 70 integrantes del E.R.P. (Ejército Revolucionario del Pueblo), iniciaron el ataque a la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María, Prov. de Córdoba. El personal de esa fábrica, la mayoría civiles, estaba en el Casino de oficiales prolongando el sábado, pues despedían a algunos ingenieros y daban la bienvenida a sus suplentes. Exactamente a esa hora un soldado conscripto integrante del ERP, asesinaba a su compañero de guardia y cortaba el perímetro alambrado de la instalación para facilitar un ataque por sorpresa, objetivo logrado sobradamente

El propósito era robar de los arsenales la mayor cantidad posible de armas y secuestrar en el casino donde estaba reunido el personal al jefe de esa instalación Coronel O. Guardone. Este oficial por estar enfermo estaba en su casa dentro de la unidad militar pero no en el Casino, cosa que ignoraban los asaltantes. Al no dar con la casa de Guardone decidieron llevarse al Mayor Argentino del Valle Larrabure y al capitán García, ambos ingenieros químicos. Larrabure tenía un Máster en química. Hasta ese momento del asalto habían dado muerte a un policía y herido de diversa consideración a siete militares. En un momento el Capitán García hizo un movimiento que fue interpretado como un intento de fuga y de inmediato lo acribillaron a tiros.

Se llevaron, en los camiones que habían ingresado, más de 130 fusiles y una cantidad no precisada de municiones. Respecto a Larrabure, su cautivo, decidieron en los días siguientes trasladarlo en forma sigilosa desde Córdoba a la ciudad de Rosario, Santa Fe, donde nadie lo buscaría. Allí fue encerrado en una “Cárcel del Pueblo”, una minúscula y húmeda salita subterránea cavada debajo de una mercería. Allí pasaría 372 insoportables días.
Al cabo de esos días su maltratado cuerpo, envuelto en un plástico negro fue arrojado a una zanja y encontrado por un grupo de niños. Habría sido estrangulado por haberse negado a colaborar con el ERP como ingeniero químico especializado en explosivos. A su muerte tenía 43 años. Estaba casado con María S. de San Martin.

Durante su cautiverio su familia hizo variadas negociaciones con personas que los habían contactado a nombre de los secuestradores; entre esos negociadores creyeron identificar a Gorriarán Merlo, un terrorista compulsivo. En una ocasión pidieron a esos contactos una prueba de vida antes de seguir negociando. Días después se les comunicó que debían ir al baño de un bar y recoger detrás de su espejo una breve nota del cautivo acompañada de una foto. En esa nota se comunicaba que el ERP pedía la liberación de cinco de sus importantes integrantes que estaban presos a cambio de la liberación de Larrabure.
Respecto a la foto, tanto a su esposa Susana como a sus dos hijos, les costó reconocerlo pues había adelgazado unos 50 kilos. Solo pocos días después, luego de otra negociación fracasada, sería asesinado y tirado en una zanja.

La esposa de Larrabure, que había sido testigo presencial del asalto en el que su marido había sido secuestrado, recurrió a la presidente Isabel Perón para que ayudara a facilitar la liberación de su esposo pero, con variadas excusas, la reunión previamente convenida fue suspendida. Esto no fue obstáculo para que cuando se produjo el funeral de su esposo e Isabel Perón se hiciera anunciar como asistente, Susana le dijera que no sería bienvenida. Esta pequeña venganza no sirvió para impedir el completo desplome de su salud. Su deseo de vivir terminó con la aparición del cadáver de su esposo. Ni ella ni sus hijos recibieron asistencia sicológica alguna a pesar de los terribles momentos que habían pasado.

DIARIO DEL CAUTIVERIO
Dos años después de fallecido, la revista Gente publicó el Diario del Cautiverio de Larrabure. ¿Quién lo tenía? ¿Dónde está el original?
Arturo el hijo de Larrabure se puso a investigar el tema. Fue a la sede de la revista pero allí le dijeron que “ese material les llegó” y, como lo vieron de interés, lo publicaron; pero nada dijeron sobre cómo les llegó y si el original de esos papeles quedó en algún archivo. También fue a ver a Chiche Gelblung quien es ese momento había sido el director de esa revista, pero se desentendió del tema diciendo que no recordaba nada y que ya no tenía nada que ver con esa revista.

En una oportunidad la revista le permitió a Arturo hurgar en sus archivos sobre ese tema y encontró algunos papeles sueltos de su padre, pero ni vestigios del Diario. Decidió entonces hacer el reclamo por la vía judicial a quien correspondiera, pero no hubo progresos y ese reclamo hoy está en la Corte Suprema.
Durante su cautiverio Larrabure pedía papel para, en las cortas horas en que desde el exterior le prendían la luz a su pocilga, escribir conmovedoras notas a su esposa- varias le llegaron-, recordar fórmulas químicas, describir su prisión y sus estados de ánimo etc. Tanto su esposa como sus hijos no tienen duda de que la caligrafía y forma de expresarse correspondían indudablemente a su padre.

La posible explicación del origen de algunas de esas notas halladas en el archivo de esa revista sería que fueron recogidas del suelo cuando las fuerzas de seguridad encontraron la “Cárcel del Pueblo” en que había estado el cautivo y la revista las recibió y las archivó.. No se duda de la autenticidad de lo allí escrito, pero de la existencia física del diario no hay rastros. ¿Cabría la posibilidad de que esté traspapelado en algún archivo militar o en poder de alguno de los remanentes vivos del E.R.P.?

¿LARRABURE SE SUICIDÓ?
Al encontrar el cuerpo del coronel (p.m.) encontraron que en el cuello tenía un profundo surco producido por una soga lo que, prima facie, daría a entender que se suicidó. Esa es la versión que siempre dio el E.R.P. pero la autopsia que se hizo sobre su cuerpo determinó que tenía una dosis de alcohol en sangre de 3.29 puntos, dosis considerada de coma alcohólico.
Los cuatro peritos que examinaron su cuerpo estuvieron de acuerdo sobre este punto y afirmaron que por esta razón y otros motivos aportados por la antropología forense jamás pudo haberse suicidado, insinuando que muy bien pudo haber sido inyectado con alcohol por sus carceleros para ponerlo en estado de indefensión y así facilitar su estrangulamiento aplicando una variación del “garrote vil” de la Edad Media. Eso es lo que podría explicar la profundidad del corte que la soga hizo en su cuello.

La “Cárcel del Pueblo” que consumió su vida tenía 2 metros de altura, 60 centímetros de ancho y un metro diez centímetros de largo. Era una verdadera sepultura y ciertamente no era el mejor lugar para suicidarse.
El pozo en el que estuvo cautivo más de un año tenía un piso de tablas sueltas, ventilación a través de caños que comunicaban con el exterior, un balde para sus necesidades, una lamparita que iluminaba solo cuando sus carceleros lo decidían desde el exterior; era un ambiente de humedad y oscuridad totales, de hedor insoportable, con comida y agua que llegaba a través de un agujero. Su condición de asmático agravaba dramáticamente su sufrimiento en esas condiciones pero, como dejó escrito, pedía a Dios que le permitiera “morir de pie como el quebracho”, sin dejarse llevar por la desesperanza o la cobardía.
Juán Kremer, máxima autoridad del E.R.P. luego de la muerte de R. Santucho, afirmó que ellos no sabían qué hacer con el cautivo, especialmente después del fracaso de la negociación por su liberación entre la esposa de Larrabure e Isabel Perón. Añade que para sacárselo de encima le ofrecieron la liberación a cambio de que “trabaje para ellos”. Y continúa Kremer: “Larrabure se puso en patriota y no aceptó”. También trataron de debilitar su moral repitiéndole “El ejército al que Ud. pertenece lo ha abandonado”… pero la confianza en su Ejército y su entereza no se conmovieron, determinando que para el E.R.P. solo quedara la peor alternativa.

Mientras Perón ordenaba “exterminar uno a uno a todos los terroristas” Larrabure escribía desde su cautiverio “A mis hijos para que sepan perdonar”; “ Al Ejército Argentino para que fiel a su tradición mantenga enhiestos y orgulloso los colores patrios”; “A mi tierra Argentina…escenario infausto de luchas fratricida para que cobije mi cuerpo y me dé paz”; “Al pueblo Argentino, dirigentes y dirigidos, para que la sangre inútilmente derramada conmueva a la reflexión…”; “Mi intención no es el insulto…que mi invocación alcance con su perdón a quienes están sumidos en las sombras de ideas exóticas, foráneas, que alientan a la destrucción”…

Las decenas de notas escritas desde esa pocilga y que llegaron a la familia lo muestran como un marido y padre afectuosísimo y lleno de ternura para con los suyos; lo muestra como un cristiano cabal, lleno de Fe en Dios y su Providencia; como un hombre que tenía siempre viva la Esperanza de que el mal finalmente sea derrotado por el bien y como un hombre siempre dispuesto a prodigar Amor, incluso a sus enemigos. Su tranquilidad de conciencia le permitía enfrentar sin temor la muerte segura que le esperaba.
Teniendo en cuenta su ejemplar vida cristiana y profesional, su condición de amante esposo y gran padre para sus hijos, y su cruel y prolongado martirio en esa fétida prisión subterránea, un importante grupo de personas se interesó en promover la posibilidad de iniciar su proceso de beatificación pues resulta innegable que practicó las virtudes cristianas en grado heroico. Una prueba de esto es su manifestación de que perdonaba a quienes lo estaban martirizando.

Como suele suceder en nuestro país, a las personas ejemplares les aguarda el silencio y el más completo anonimato. No hay lugar en la prensa para los realmente meritorios, se prefiere la frivolidad porque tiene más aceptación entre los mediocres. Las actividades de LGante son más conocidas que las del Teatro Colón. Larrabure, un argentino de estatura moral muy poco frecuente, es un perfecto desconocido en su patria.
Por el bien de nuestro país, la exaltación de la mediocridad debe terminar y dar paso al reconocimiento de los muchos argentinos que volaron y vuelan alto. Entre ellos este dignísimo militar.

Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

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