GRABOIS

Es el jefe del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y del Frente Patria Grande. En los Cuadernos de Economía Popular, Juan Grabois exalta la sociedad sin clases lograda por Lenin, Mao Zedong y Fidel Castro, y la propone como objetivo para la Argentina Futura. ¿Creerá que los rusos y los chinos de hoy prefieren volver a la pobreza de la que salieron gracias al capitalismo?
En el 4º Encuentro vía zoom entre el Papa y los muy politizados movimientos sociales, llamó la atención la ausencia papal. Este encuentro, curiosamente, coincidió con la irrupción de los seguidores de Grabois al campo de los Etchevehere en la provincia de Entre Ríos.

La falta de reacción de las autoridades provinciales y nacionales contrastó vivamente con la movilización espontánea de los agricultores de las poblaciones próximas, atemorizados en ser ellos las próximas víctimas de usurpaciones. Vieron que el gobierno puso en duda el derecho constitucional a la propiedad privada y saltó la alarma. Esos pobladores salieron a defender la legalidad y la Constitución.
En ese encuentro, uno de los temas a debatir era “¿cuánta paz social sembré?”. El objetivo de estos encuentros es promover a aquellos sectores que están social y económicamente excluidos, para superar esta situación a través de alternativas laborales. De hecho la paz social sembrada le importó un rabanito y tomó la estancia. La relación entre Grabois y Bergoglio se inició en Buenos Aires antes de ser Papa, se mantuvo activa un tiempo pero fue enfriándose a medida que Grabois fue radicalizándose, y por eso la Conferencia Episcopal afirmó que no habla en nombre del Papa. A pesar de esto, trascendió que últimamente habría habido un encuentro secreto entre ambos que Grabois se negó a desmentir.
En su discurso en la Rural, en un lugar destacado, Grabois exhibió tres imágenes religiosas, lo que lleva a pensar que, en su praxis, no separa la política de la religión. Igual que el Papa, que no se priva de incursionar en la política argentina con la excusa de los pobres.

Grabois es “consultor del Pontificio Consejo de la Justicia y la Paz”, pero es un hombre ideológicamente anclado en los 70, que utiliza su relación con el Papa para tener libertad de acción e impunidad. Esta situación nos pone muy incómodos a los católicos, y desprestigia fuertemente al Vaticano y a la Iglesia Católica argentina. ¿Era necesario que pasara casi un mes para que el Episcopado expresara que “no avalamos la toma ilegal de tierras, es un delito”. ¡Cualquier niño de catequesis sabe que eso está mal porque los Diez Mandamientos siguen en vigencia!
Si es cierto el refrán español que dice “dime con quién andas y te diré quién eres”, y el latino “cada cual busca su igual”, la conclusión es dolorosa: no hay corruptos importantes de Argentina que no hayan tenido alguna atención del Papa.

La Doctrina Social de la Iglesia siempre tuvo un límite poco claro con la política, a veces partidaria, cosa que no le corresponde porque “mi Reino no es de este mundo” (Jn 18: 35-36), y porque no se debe usurpar lo que es misión del Estado. Por no respetar estos límites, de la Acción Católica surgió Montoneros, y ahora lo tenemos a Grabois, que hasta el momento se limitó solo a hablar, pero que ya ha comenzado a actuar: “cría cuervos y te sacarán los ojos”. No sabemos hasta dónde puede llegar. Le gusta desafiar al poder y a las instituciones y, hasta ahora salió indemne.

El Papa, por el bien de la Iglesia, debería decirle un firme ¡hasta aquí llegamos!, y desaparecer de la escena política argentina para siempre.
Grabois afirmó: “no soy alguien que usurpa tierras y tiene odio de clase”; “no nos van a quebrar, no les tenemos miedo y vamos a seguir dando batalla”; “toda familia que se mete en un terreno lo hace por necesidad… llamarlos delincuentes es una bajeza moral y una claudicación ideológica”; “el Peronismo enseñó que donde hay una necesidad nace un derecho, no un delito”; “nunca se debe criminalizar una demanda social”. Este cóctel es una invitación a la anarquía.

Cabría preguntarle a Grabois si alguna vez consideró la importancia de estimular las capacidades ocultas que tienen las personas para enfrentar los desafíos de la vida, en vez de la demagógica y fácil solución de darles todo servido. A los inmigrantes que llegaron a Argentina sin recurso alguno, nadie les dio absolutamente nada, y ellos no protestaron por ello; calladamente comenzaron a buscar cualquier oportunidad laboral, donde estuviera, para hacerse con algo de dinero con el que comprarse un terrenito en el que hacer una casita, muy precaria primero y mejor después. La austeridad, la laboriosidad y el ahorro los fue alejando de la pobreza y hoy sus nietos pueden recordar con orgullo estas circunstancias. ¿Por qué suponer que los necesitados son incapaces de superación y que lo único que se puede hacer es darle todo? ¿Por qué invitarlos al delito –las tomas- como una forma de superar sus necesidades?

Luego de la sentencia de desalojo de la estancia de los Etchevehere el presidente Alberto Fernández dijo que: “la de Grabois es una idea a tener en cuenta, no es descabellada”. “Detrás del planteo de Grabois hay algo serio, hay algo razonable, algo para discutir”. Y después afirmó: “el método no es ocupar los campos” y “eso, Grabois también lo tiene claro”… Si lo tiene claro ¿por qué entonces ocupa terrenos?
El Presidente no debería ponderar este tipo de proyectos sin estar debidamente informado sobre el tema. No se trata de proyectos nuevos y revolucionarios, sino de muy viejos y fracasados. Debería haber repasado los viejos manuales del secundario en los capítulos sobre los socialistas utópicos premarxistas, en especial Charles Fourier, Robert Owen y Etienne Cabet. Si lo hubiera hecho no habría alabado tan ligeramente estos delirantes proyectos ya ensayados y fracasados.

Estos socialistas eran extremadamente cultos y comprometidos con sus proyectos, creían en la legalidad democrática, en la moral, el valor de la educación y el amor al prójimo y al trabajo. Se jugaron el prestigio, la fortuna familiar, y uno de ellos, ante el fracaso de su proyecto, se quitó la vida. Grabois no les llega los talones.
Fracasaron porque razonaban a partir de abstracciones sobre situaciones sociales conflictivas que juzgaban teóricamente solucionables dentro un esquema que juzgaban irrefutable, pero que llevadas a la práctica no lo eran; una suerte de “doble verdad”, lo que era cierto en la teoría resultaba falso en la realidad. También ayudaron al fracaso las disensiones internas y la siempre insuficiente ayuda del Estado. Despertar ilusiones que luego no se concretan, puede hacer que el fracaso sea explosivo.

Grabois parece no tener la seriedad de sus colegas del siglo XIX. Habló de “buscar tierras ociosas” para hacer huertas ecológicas… pero fue a usurpar una estancia modelo de trabajo; luego de la sentencia que ordenó su desalojo Grabois recriminó a Alberto Fernández por “ceder ante el poder fáctico”… ¿y la separación de poderes? Otras de sus polémicas afirmaciones fueron: “no me importan los prontuarios”… ¿?; “cuando luchamos, luchamos por dinero; cuando vamos a hacer un quilombo es para tener dinero, no es para hacer la revolución”… Al igual que Néstor ante una caja fuerte, Grabois entra en éxtasis ante el dinero; “el dinero sale de alguna parte, y el Estado se lo quita a alguien. Bueno, lo saca de los impuestos”… ¡No puede ocultar que es un verdadero idealista!

Nada difícil tiene soluciones fáciles. Por diversas razones es imprescindible reeducar en el trabajo a dos generaciones, víctimas de la falta de trabajo y del asistencialismo del Estado. Los políticos argentinos deberían cobrar en relación a sus éxitos en crear fuentes de trabajo sustentables, y al éxito en la docencia que su ejemplo de laboriosidad ejerza sobre la población.

¿Qué justifica el sueldo de los políticos? Solo saben dividir a la población y aumentar su miseria. ¡No tienen ni idea de cómo se vive a ras de suelo! Tal vez por eso miran con curiosidad y simpatía al santón que viene a dar soluciones fáciles a problemas difíciles que, en realidad, ellos nunca quisieron verdaderamente solucionar porque las medidas a tomar eran dolorosas y los alejarían de los placeres embriagadores que da el poder.

Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

Foto: Cuarto Poder y Razón y Revolución

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