INVIABLE

¿Los delincuentes pueden violentar los derechos de los demás y esperar que no les respondan de la misma manera? ¿Qué hacer ante un injusto e imprevisible agresor? ¿La Justicia de los países más desarrollados, en caso de duda prefiere defender al ciudadano honesto o al delincuente, a la víctima o al victimario?

Los hijos de Jorge Ríos, el herrero de 71 años, luego de las crudas amenazas de los familiares de los delincuentes, decidieron que, además de soportar calladamente las torturas infligidas a su anciano padre, deberán vender su casa y levantar la herrería de la que viven porque la Justicia argentina es impotente –el adjetivo es el adecuado- para defender a los ciudadanos honestos y trabajadores.

Tres veces, cinco personas, en plena madrugada, entraron ilegalmente a su casa a robar diversas cosas; la tercera vez lo golpearon muy duramente, pero Ríos, que había logrado hacerse de una pistola, logró expulsar a los intrusos matando a uno de ellos en la vereda.
El fiscal rápidamente decidió que se trataba de un homicidio simple y ordenó su prisión.

¿No se le ocurrió que tal vez Ríos estaba defendiéndose ante injustos y reiterados agresores, en forma legítima y con un estado emocional completamente estallado? ¿Lo correcto debería haber sido que Ríos se dejara matar?

¿Cuál sería la reacción de la Justicia si lo que le sucedió a Ríos le hubiera pasado a un político o a un juez zaffaroniano? Esta observación vale porque cuando surgió el escándalo de los seis prostíbulos que funcionaban en propiedades del entonces juez de la Corte Suprema E. Zaffaroni ningún político oficialista salió a pedir su destitución por indignidad moral, ni ningún juez salió a acusarlo de trata de personas; todos los intentos acusatorios fueron rechazados in limine. No hubo investigación.

Queda claro que los jueces les temen a los violentos y a los poderosos, les tienen tantas contemplaciones que hacen pensar en complicidades o directamente en una impunidad selectiva; en cambio el ciudadano común y honesto está condenado a la desprotección del Estado. Siendo así las cosas, nuestro futuro como país es inviable. ¿Todos somos iguales ante la ley? Después de San Martín y Belgrano, ¿no hubo más héroes? Hoy, en la Justicia los necesitamos desesperadamente.

No hay que olvidar que es la justicia la que hace posible la paz.

 

 

Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

Fotos: Infobae y El DIa

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