Cómo eliminar la corrupción estructural

Por Hugo Alconada Mon | TEDxRiodelaPlata.-

Charla del periodista Hugo Alconada Mon el día 7 de Diciembre sobre la corrupción.

Autor del libro «La Raiz de todos los males», Hugo Alconada Mon, destacado periodista por la calidad y profundidad de sus investigaciones, cuenta en ese libreo, cómo funciona ese sistema putrefacto, con nombres, fechas y datos precisos: desde cómo se financia una campaña hasta cómo se coimea en la Argentina. Y muestra el modo en que se carteliza la obra pública, se compra el silencio de los medios de comunicación y cómo se lava dinero en el país… hasta con milanesas a la napolitana.
¿Por qué habrían de querer cambiar el sistema aquellos que acumulan poder espurio y fortunas ilícitas, y quedan impunes, sean políticos, empresarios, jueces, periodistas, banqueros o sindicalistas?, se pregunta Alconada Mon.

A continuación, la transcripción textual de su charla en TEDxRiodelaPlata.-

Todos los días yo tengo dos, tres y hasta cinco reuniones con las personas de los ámbitos más diversos: jueces, narcotraficantes, políticos, empresarios y la chismosa de tu barrio. Sí, la chismosa de tu barrio habla conmigo. Ese es mi trabajo, porque yo busco información. Pero una información muy específica. Sobre los delincuentes de cuello blanco. Los expertos en la corrupción, el lavado, el narcotráfico, el fraude corporativo. Los llamados delincuentes de cuello blanco que se visten así [de traje y corbata]. No se visten como en la serie de TV. Todos los días, por esto, me tengo que reunir además, y hablo con mis editores, porque tenemos que cruzar información y tratar de separar lo que son datos de versiones. Y esto es bastante más difícil de lo que parece. Porque ¡les garantizo que la realidad en este país supera la ficción! Solo en esta vida paralela es que, por ejemplo, es posible que uno de los más grandes operadores judiciales de los últimos 25 años reciba a sus invitados, sea para hablar de un gobierno o de otro, en el quincho de su casa rodeado de dos posters, una caja de vidrio y un «persuasor». Póster número uno: Al Pacino en “Caracortada”. Póster número dos: Marlon Brando en “El Padrino”. Caja de vidrio con un teléfono celular dorado -¿recuerdan los viejitos, los sapitos?- que cuando le preguntás te dice: «Ese era el teléfono celular que yo solo usaba con el número uno». El día que el número uno murió, decidí que este teléfono no se podía volver a tocar. Y el «persuasor» es un bate de aluminio de 1,20m que él mismo aclara que es para que, si alguno de sus invitados se desubica, ponerlo en orden. Este señor es apenas uno de los que se mueven por los sótanos de la Argentina. En estos sótanos es donde yo trabajo. En estos sótanos, de hecho, -aclaro que este hombre no es ni siquiera de los más bravos, ¿eh?- pero en esos sótanos se definen algunos de los asuntos más graves y sensibles de la vida institucional de la Argentina de los últimos 25 a 30 años. Y es allí en lugares como este donde se guardan algunos de los secretos más incómodos del poder. Les voy a contar uno: En la Argentina si vos, vos, vos, vos… cualquiera quiere competir por la presidencia, va a necesitar 100 millones de dólares. Repito la cifra. Sí, son 100 millones de dólares. Uno dice “es muchísimo”. Si querés competir para intendente de Escobar o de La Plata necesitás entre 500.000 y 1 millón de dólares. En algunas ciudades el comprar tu puesto para el tercer lugar en la lista de concejales de una ciudad mediana cuesta 100.000 dólares. Les aclaro algo: esto lo saben todos. No es algo muy difícil de conseguir. Lo saben los políticos, lo saben los empresarios, lo saben los narcos, lo saben todos. De hecho, como lo saben también los organismos de control que deberían controlar. Por eso el año que viene nosotros vamos a encarar una campaña presidencial salvo que, o la economía, o alguna reforma legislativa de último momento, o que las investigaciones judiciales que ahora tenemos en marcha modifiquen esto, todo aquel que quiera competir por la presidencia o llegar a la Casa Rosada necesita 100.000 dólares. Por eso es que solemos definir al financiamiento electoral como el pecado original de la política. Arrancaste pecando. Vos podés tener muy buenas intenciones, grandes ideas, pero a los pies te los vas a tener que llenar de barro. ¿Qué significa esto en la práctica? Que por arriba de la superficie podés tener candidatos que compiten entre sí, debaten, y por debajo de la superficie podés tener que un candidato financie la campaña de otro porque le muerde votos a su principal contendiente. Y este, que no es estúpido, a su vez financia la campaña de otro para morderle votos a su principal rival. Del mismo modo que otra verdad incómoda del poder es que como se necesitan fortunas, y fortunas que a su vez si cumplís con la legislación vigente, no podés recaudar esos 100 millones de dólares, tenés que pedir que la inmensa mayoría del dinero -se calcula que el 90%- sea en negro. Esto lleva a que necesitás cash y valijeros. Del otro lado, ¿quiénes son los que ponen el dinero? Primero: empresarios. Alguno de los grandes empresarios que ahora estamos viendo desfilar por Tribunales. Y muchos de ellos, aclaro, como no pueden sacar fondos de sus balances, ofrecen pago en especie. ¿Qué significa esto? Venís y pedís 500.000 dólares. No te puedo dar, tengo una fábrica de empanadas. Te ofrezco, te doy las empanadas para todos los actos de campaña en todos los lugares donde tengo una sucursal. El que tiene o fabrica autos, entrega autos. El que fabrica o distribuye celulares, te entrega celulares para tu campaña. Esta es una realidad de los sótanos. Ustedes pueden decir: bueno, ¿en qué se gastan estos, por ejemplo, 100 millones de dólares? Por otro lado, ¿estos son los únicos? No. Porque tenés empresarios que apuestan por los candidatos como si fueran caballos de carrera. Apuesto por el primero, pero al mismo tiempo, por el segundo. Y, por las dudas que salte la banca, también por el tercero. Y no solamente los empresarios. La policía, por ejemplo, muchas veces prepara bolsos de la recaudación ilegal y los entrega. ¿Para qué? Para generar un compromiso de ida y vuelta. Ahora yo sé que vos sabés. Y es mutuo. Y los narcos, cada elección, están llegando más lejos y más alto. Y por el lado de los gastos, dos son los grandes rubros cuando hablamos con los equipos de campaña fuera de micrófono y hablamos en serio. El primero: la impresión de boletas electorales y los fiscales. El segundo: los periodistas y los medios de comunicación. Rubro uno: en el mundo se calcula que necesitás 1,3 boletas electorales por persona. En la Argentina… 5, porque te las roban. Con una combinación adicional, si te roban la boleta tenés que preparar a todos los fiscales. Decís: no puede ser tanto dinero, si son voluntarios. Sí, pero los tenés que capacitar. Los tenés que llevar al centro de votación. Tienen que tener un jefe superior con un teléfono celular. Les tenés que dar una vianda, y traer de vuelta. Multipliquen esto por 95.000 mesas electorales que tuvimos en 2015, van a ser más ahora en 2019. Y por el otro lado: medios de comunicación y periodistas. Este es uno de los rubros más caros. No les sorprende lo difícil que es a veces hablar con un candidato, que no consigue nadie y, finalmente, cuando ese candidato acepta hablar en una entrevista periodística la pregunta más difícil que le hacen es: «¿Hace calor en Jujuy?». La entrevista más cara de 2015 costó 42.000 dólares. Dicho por ellos, por los equipos de campaña. Ahora, me centré en el financiamiento electoral, y estos son los usos y costumbres de los sótanos de este sector. Y a su vez esto está dentro de un entramado que incluye mucho más. Porque también incluye, por ejemplo, a los policías que mencioné antes, con un dato adicional. Hay muchas comisarías que se licitan, se subastan, se rematan. Se la queda el comisario que ofrezca más dinero. Entonces, yo ofrezco por tal comisaría pagar 100.000 dólares por mes. Entonces, si aceptan mi oferta, después tengo que recaudar dinero a como dé lugar. ¿De dónde? ¿Cómo? Estos son los policías y aclaro que en cada uno de los rubros hay muchísimas y muy honrosas salvedades. Y no hay que generalizar. Estoy contando cómo es un entramado. Del mismo modo, hay muchos periodistas que no informan. Cobran por su silencio. Hay fiscales que no investigan, cajonean expedientes. Hay jueces que se encargan de prescribir los expedientes. Empresarios que no compiten, se “cartelizan”. Sindicalistas, algunos que defienden a los trabajadores y muchos otros que entienden clarísimo la premisa básica de que no hay mejor huelga que la que no se hace pero te permite negociar. Por eso, si tenemos un entramado de este tipo, que es donde nosotros -este es nuestro trabajo y hablo de mí y de muchos otros colegas- si este es el entramado que tenemos, es un error quedarse solamente en los personajes propios de película de clase B. Hombres que revolean bolsos de dinero en conventos o que andan manejando Ferraris. Porque esos hombres son en realidad muchas veces solo la punta de un iceberg que es mucho más profundo y que incluye a lo que denominamos «el poder permanente». Y les voy a dar una anécdota sobre esto. Una vez, hablando con un veterano exsecretario de finanzas, me contaba que en su primera semana en el Ministerio de Economía no sabía ni manejar la botonera del teléfono. Entonces recibe a los banqueros, se tuvo que levantar, le pidió a la secretaria que por favor convoque al mozo. Viene el mozo y le dice: «¿Qué se va a servir?». Le dice: «Un té con limón». Se dio vuelta, miró a los banqueros, y les dice: «¿Lo de siempre, no?». Quién está de paso. Y quién es permanente. ¿Esto es algo propio solo de la Argentina? No. De hecho, allí tenemos los casos de Perú, de Italia, de Brasil en las últimas décadas. Que además nos muestran que tuvieron problemas de corrupción sistémica o “megacorrupción” o corrupción estructural, como se las suele denominar, y también tuvieron problemas posteriores. ¿Cuáles? Por ejemplo, en Italia tenían la Tangentópolis, que se investigó con mani pulite y terminaron con un premier italiano correteando a menores de edad por una finca romana. O terminamos ahora en Brasil después del Lava Jato con un presidente electo de extrema derecha, defensor de la dictadura, xenófobo y racista. Y este es uno de los riesgos que tenemos en la Argentina. Salir de un problema para terminar en un problemón. Esto es un riesgo. El otro es caer en el “gatopardismo”. ¿Qué significa esto? Simular cambios que no ocurren. Y esto es una dicotomía entre lo que es la Argentina real y la Argentina teórica. En la Argentina teórica, tenemos una Oficina Anticorrupción. En la Argentina real, la Oficina Anticorrupción tiene dos sedes. Una de las dos sedes no tenía Internet. Se colgaba del wifi del bar de la esquina. El día del gastronómico cerraba el bar y no tenían wifi, no había Internet. Todos ustedes con los teléfonos celulares tienen más capacidad de búsqueda que toda esa área de la Oficina Anticorrupción. Ejemplo uno. Ejemplo dos, la justicia electoral. Los encargados de controlar todos los verdaderos gastos e ingresos de todo candidato electoral, tiene el llamado Cuerpo Nacional de Auditores. Son los encargados de controlar todos los ingresos, todos los gastos, de todos los candidatos, de todos los partidos, en todos los ciclos electorales, cada dos años. ¿Saben cuántos son? -Y aclaro, son muy buenos-
Público: – nueve.
HAM: – son siete.
Tuvieron que, por expediente administrativo, pedir una fotocopiadora.
Les voy a contar una intimidad. Una sola vez papá me vino a ver a una charla. Terminó y me dijo: «M’hijito, lo tuyo es brillante, pero depresivo. Tratá de subirlo un poco, porque es para agarrarse los dedos con una puerta». Por lo tanto, respetando la promesa que le hice a mi padre, les cuento: ¿Es posible corregir esto? Sí. ¿Es difícil? Mucho. Y en realidad abrevo de lo que ya han aprendido otros, como el gran investigador de la investigación italiana, mani pulite, Antonio Di Pietro. Para que vean el coraje que tuvo, se tuvo que ir a vivir a otro país. Marco Canale era su nombre falso mientras lo buscaban para matarlo. Él y otros como él cuentan que el momento clave, el punto de inflexión, es cuando los ciudadanos se involucran y empiezan a ejercer presión; meten presión. Él cuenta: solo pudo cambiar cuando los italianos dijeron «basta». Y esto es posible. Si nosotros lo hacemos, y metemos presión, podemos lograr la reforma electoral que imponga la boleta única, y terminamos con el robo de boletas. O sacar a la Oficina Anticorrupción de la órbita del Poder Ejecutivo. Y muchos otros ejemplos. Muchísimos. De hecho, lo hemos tenido en Argentina. Infinidad de veces. La marcha del silencio en Catamarca para exigir que se resolviera el homicidio de la chiquita Morales. O el 2×1, cuando hubo un fallo de la Corte y se movilizó la ciudadanía. O la 125. Elijan ustedes. El debate por la legalización del aborto. Los legisladores no iban a los debates. Y de repente vieron que la ciudadanía sí estaba involucrada en algo que ellos no. Y a favor o en contra, pero tuvieron que ponerse los pantalones. Entonces, sí es posible pero depende de nosotros. Porque va a depender de nosotros y va a depender de meter mucha presión es que es clave el esfuerzo cotidiano. Y hasta que eso no ocurra, yo y otros como yo, nos moveremos por el sótano hablando con los Tony Montana y los Vito Corleone y esquivando los bates de aluminio.

http://https://youtu.be/AWIXgHaliSQ

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